
Pues el Junco podría ser muchas cosas. El nuestro es un pueblo en medio de las montañas antioqueñas. Es un pueblo de tres calles, 500 habitantes según los cálculos, y mas o menos 150 o 200 años de historia.
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Cuando uno llega al Junco, uno se pregunta porque existen pueblos como este tan alejado (y supone que siempre, siempre, hay mas alejados que este). Uno ve esas montañas llenas de años, como si la tierra se hubiera roto y de ahí hubieran salido ellas. Uno ve los campesinos. Habla con ellos. Mira los niños. Te quedas tres días… cuatro. Puedes ir a muchas partes.
El Junco es tan pequeño que lo recorres en un día… entero. Pero su gente hace que ese recorrido sea un poco más largo, con un cafecito, un platanito, una agüita de panela. O simplemente una conversación… larga, o de tres palabras, de las que resultan siempre muchas sonrisas.
El Junco, es uno de esos lugares que todavía existen y uno se pregunta el porque…el río les trae las cosas del mundo y las montañas les permite protegerse… conservarse…
Al Junco la luz llego en los 80´s. Siempre hubo EDATEL… pero ahora los campesinos tienen celulares, casi todos, ya se levantan con ellos pero todavía recogen los huevos de las gallinas en las mañanas.
En el Junco solo se coge en la radio, o Caracol, o
Los hombres trabajan la tierra. Por estas tierras se ha cultivado café desde hace muchos años… y todavía. Uno creería que es con el Café con lo que viven. Esperan la cosecha, recogen la platica, pagan deudas, y el resto del año viven a crédito esperando de nuevo la cosecha.
En el Junco, se fabrica en los establecimientos su propia panela, cultivan su propio maíz, y su propio fríjol. En el Junco no necesitas comprar revuelto. El vecino te comparte, si te hace falta algo.
Las mujeres recogen la leña, cuidan los marranos, a veces suben a las fincas y trabajan como hombres. Ahora algunas estudian y se preparan en programas educativos ya sea para terminar el bachillerato o para aprender a trabajar la tierra.
Los que están en el Junco, están porque la vida es así, y salir de allá se puede, pero llegar a Medellín es muy duro. Pero están también porque allá las cosas al final son más fáciles, mas tranquilas. Allá se necesita dinero para pocas cosas, casi siempre hay algo que hacer, ya sea darle la aguamasa a unos marranos, llevar un revuelto a una tía o pintar la estatua de la virgen. En el Junco siempre hay que hacer.
Ir al Junco es la oportunidad de llegar a un lugar donde hay silencio, un silencio lleno de murmullos bonitos, como si la vida le hablara a uno. Es la oportunidad de volver a ser montuno. De pasar unos días tranquilos, llena de calidez entre la gente.






















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Felicitaciones.
Jorge Diaz
paysa1980
diego moreno
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--- Hola juan, realmente me alegra que cada vez más personas se acerquen a aquellos que exísten y que son olvidados por las grandes ciudades, por los gobiernos y hasta por la misma historia, me place saber que jóvenes como tu y tus amigos estan contando de una manera sensible e importante lo que ven, que están compartiendo respetuosamente con un puñado de niños y ancianos dueños de este tiempo.
Me gustó mucho el junco.
Un abrazo,
manu
-- Me gusto EL JUNCO.... me saco por un par de minutos de ver ladrillos, oler smog, de pensar en el trabajo y manejar en la ciudad. Las caras de los ancianos llenas de historia y la sencillez de la gente me dejan pensando...
Un saludo especial.
VIERA