por Juan David EscobarPara mi el junco es cualquier parte, eso si es cierto. (Todos llevamos un junquito en el corazón).
Por más citadino que seas, por tu sangre corre estirpe montuna, alguien de tus antepasados nacieron en las montañas.
Mi familia es de Salgar, Concordia y Bolívar, pueblos de Antioquia, tierras cafeteras. Vivian en finquitas a 3 o 4 horas en mula. Se comía quesito entero al desayuno, arepa hecha en fogón de leña, frutas, y plato de frijoles en las noches todos los santos días.
Yo no se nade nanas, lo más parecido fueron mis primas que cuando crecieron se fueron para otros fogones.
El Junco es el lugar de Ana María, pero yo viaje con mi imaginario, la acompañe como contador de historia que soy, como amigo, como viajero, como pobre y campesino, como camarógrafo que mira y que es nada sin una cámara en la mano.
Ahora el Junco es un poco mío, también, y pronto de ustedes, pronto.

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