



Todos saludan.
El agua es del monte y se guarda en tanque.
El celular esta de moda.
Todavía existen alcancías de Concasa.
Todavía se muele, y se hacen arepas anchas y redondas.
La gente se mueren como los árboles de los patios: de viejos.
Las casas se rajan.
Las gallinas comen en todos lados pero tienen un dueño.
Las montañas aun se ven vírgenes, limpia de marcas humanas.
Llegaron todas las guerras y todas se han ido yendo.
Los adornos navideños son para todo el año.
Los computadores apenas están llegando a lomo de mula.
Se habla porque se escucho hablar.
Se dice todavía: "Mi a pá. Mi a má".
Se espera el bus.
Se tiene, aun, teléfonos Compartel.
Se es pequeño, medianito y grande.
Se puede dejar la cicla afuera y no pasa nada.
Se cocina en leña y hay pollitos en todos lados.
Se plancha la ropa sobre ruanas.
Se viaja en el capacete.
Se pone a secar el café en la calle.
Se tiene cobijas de la seccional de Salud.
Se tiene comida por la tierra o por el crédito en la tienda.
Se sigue vivo.
No hay carros en la calle.
No se anda de afán sino rápidito.
No se coge Caracol Radio, pero tienen parabólica.
No se recoge basura, todo se tira al patio.
Para dormir se echan baños de Noche.
Estiran la pata.
Se ajustan años.
La gente se muere de repente.
Los campesinos van a la montaña con el radio a cuestas.
Hay retratos en las casas de los que se murieron.
Elena bedoya es mi nana. Yo tengo dos mamás. Ella es mi mamá número 2. Nena tiene 54 años.
Ya casi va a jubilarse, y lleva en mi casa viviendo y trabajando 31 años.
Nena es del Junco. Nena es nieta de Lola, y su mamá se llama Jael.
Nena ahora tiene una casa en Medellín, donde vive con Jael que ya se jubiló.
Nena nos ha cuidado, jonjoliado, criado y malcriado, porque ella que no tuvo hijos de verdad, verdad, nos crió como suyos y nos contempla todo el tiempo.
Aun después de viejos, Nena no puede oír que nos vamos a ir de la casa, porque inmediatamente se pone a llorar.
Nena dedicó su vida a educarnos, a cuidarnos, a contemplarnos.
Todos los sábados en mi casa Nena hace frijoles. Yo podría asegurar que los frijoles de Nena son de los mejores que uno se puede comer.
Yo recuerdo que de niña me gustaba mirarla cuando hacia las tajaditas de papa en un aparatico que desde que tengo memoria es el mismo.
A Nena le quedaban siempre delgaditas y cuando me dejaba intentarlo yo no lograba que me quedaran tan buenas.
Mientras cocinaba hace poco, le hice algunas preguntas. Le grabé todo lo que decía.
Ella dice que ya no se acuerda de mucho. Que las cosas se la han ido olvidando.
Con decir, que hasta la novela que se acaba de ver, no la recuerda cuando uno le pregunta por ella.
Yo me río, yo creo que no se quiere acordar.
Nena llegó a Medellin a los 13 años con Jael. Había hecho hasta 5 de primaria y había estudiado de interna en Sabanalarga.
Trabajaron con Don Eliazar un tiempo, y Nena luego se consiguió un trabajo propio. Donde doña Fanny.
Allá, de tan solo 17 o 19 años crio dos niños, que todos los años la llaman a felicitarla el cumpleaños.
Luego llegó a mi casa en 1977, dos meses después de que mis papas se casaron.
Y ahí van, esos sonidos de la cocina, de un sábado al medio día, mientras Nena, mi nana, mi mamá número 2, hace los frijoles, las papas, fríe, lava los platos.
Llora un poquito y recuerda con esfuerzo.
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1 comentarios:
En la ultima foto, mi primita de 8 años, no identificaba que era. Su mamá le dijo que era una maquina de moler. Eso no significó nada. Para ella las arepas vienen de la tienda.
Historias y objetos en via de extincion.
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