Para Llegar al Junco, como para ir a cualquier lugar adentro de las montañas de Colombia, hay que ir a
Por lo pronto, yo voy para El Junco, porque El Junco es un lugarcito que me contaron, que ya visité. Es un lugar al que vamos (Juan David y Ana María) para contar las historias de los que viven allí. Porque un lugar existe en la medida en que es contado.
Dejar la ciudad. Los carros, el ruido. Subir por las montañas para salir de esta ciudad. Salir por Robledo, ver la ciudad desde arriba, el metrocable, los moteles, el barrio.
Llegar hasta San Cristóbal es ver ya el campo apenas saliendo de la ciudad. Ver los cultivos, las montañas verdes y la tierra amarilla.
Allí se toma el desvío que lleva hasta el Túnel Fernando Martínez. EL túnel redujo la carretera a 4 horas. Siempre y cuando no haya imprevistos más adelante.
Entrar al túnel es entrar a otro clima, todo oscuro, todo amarillo. 4 kms, atravesando el interior de una montaña antioqueña. Cuando uno llega al otro lado, no se ven sino montañas, y hasta hay otro clima.
Y empieza uno a bajar…Hace calor.
El bus entra por unas calles estrechas, unas casas de esas viejas, de puertas de colores, paredes con texturas. Va subiendo y se abre una plaza, es sábado y hay mucha gente. Es Sopetrán. Los carros con los mercados, que van pa´ las veredas.
El bus recorre los cuatro lados de la plaza. Pasar por un pueblo de esta forma, es untarse un poquito, echarse a sopetran por los ojos, y seguir el camino.
Cuando uno sale de Sopetrán se ve el Puente de Occidente. Y el río Cauca… Dorado… que es como si el río, el sol y el color de la tierra fueran uno solo.
La carretera va cerquita al río. Por las curvas va pitando el bus para avisar al que viene del otro lado. Vamos pasando entre pueblo y caseríos, Olaya, Sucre, calles viejas y solas, en silencio... patrocinadas por Chocolate Luker.
Empieza a hacer más calor. Otro pueblo, este es Liborina. Primer destino final de nuestro bus. Allí 15 minutos de parada. Un refresco, un baño, por favor. Unos ya llegaron, otros inician su camino. Nosotros seguimos hasta el junco: falta una hora larga.
Desde Liborina empieza la carretera destapada. El bus levanta el polvo, la boca te sabe a tierra.
Que hay un tramo malo de la carretera, que nos demoramos, que bájense mejor aquí pa que se refresquen, Que aquí por lo menos hay eso, donde está el daño no hay nada. Nos bajamos en unas casas a la orilla de la carretera.
Nos toca esperar.
Esta carretera se vuelve el patio trasero de estas casas. Los niños juegan, las gallinas se pasean por la mitad picoteando el polvo, sin riesgo de morir atropelladas. Las bestias amarradas en las columnas de madera. Cargan los timbos de leche. Detrás de las casas, las montañas infinitas.
Los viajeros avisan. Llaman por el celular y hablan de su retraso. Que un arreglo de la via. Que no hay paso, que ya casi pero que podrían ser dos horas mas.
El conductor del bus nos dice que nos montemos. Vamos a ver que es lo que interrumpe el camino.
Carretera. Tres curvas mas y a lo lejos se ve la maquina amarilla irrumpiendo el paisaje. Tumulto de gente. La ultima curva y el bus se detiene. Ahí vamos. Hay dos buses al otro lado esperando. El cura en su jeep tambien espera. Nosotros esperamos.
Esto es viajar por las carreteras de Colombia. Esto es normal. Esperar todo un dia, una tarde a que abran paso, por uan carretera que siempre esta en reparación, o que debieron haber pavimentado, pero que se han robado la plata mas de tres veces...
Unas gotas de lluvia, unas cuantas curvas y sobre el costado izquierdo, unas casas... ese es El Junco. La lluvia nos recibe. El Junco nos recibe en su silencio. Solo nosotros nos bajamos aquí. Son casi las 4 de la tarde.




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